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viernes, 14 de febrero de 2014

Canción del árbol
Federico García Lorca

Caña de voz y gesto,
una vez y otra vez
tiembla sin esperanza
en el aire de ayer.

La niña suspirando
lo quería coger;
pero llegaba siempre
un minuto después.

¡Ay sol! ¡Ay luna, luna!
Un minuto después.
Sesenta flores grises
enredaban sus pies.

Mira cómo se mece
una vez y otra vez,
virgen de flor y rama,
en el aire de ayer.



y el infame día apenas comienza...

Cupido sale de casa, alas rotas, intenta volar, no puede, pide ayuda, no tiene, llora un poco; Cupido regresa, redacta unas líneas, queja ante el sistema de control de alas, las suyas defectuosas, es día importante. Cupido tiene que volar, espera, no llega respuesta, espera varios días, no llega respuesta, meses, al fin recibe un sobre, la respuesta: no hay alas de repuesto; entonces Cupido no se detiene, salta por la ventana, vuela por encima de los mortales, uno que otro lo admira, otros en realidad lo odian, a él no le importa, eso no le importa, se conforma con volar, vuela rumbo a la fábrica de alas, su venganza un día como hoy apenas comienza.

jueves, 13 de febrero de 2014

sobre todo Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña...

Las causas
Jorge Luis Borges


Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas

para que nuestras manos se encontraran.

miércoles, 12 de febrero de 2014

In memoriam...

No quiero escribir sobre Rocamadour, por lo menos hoy, necesitaría tanto
acercarme mejor a mí mismo, dejar caer todo eso que me separa del centro.
Acabo siempre aludiendo al centro sin la menor garantía de saber lo que digo,
cedo a la trampa fácil de la geometría con que pretende ordenarse nuestra vida
de occidentales: Eje, centro, razón de ser, Omphalos, nombres de la nostalgia
indoeuropea. Incluso esta existencia que a veces procuro describir, este París
donde me muevo como una hoja seca, no serían visibles si detrás no latiera la
ansiedad axial, el reencuentro con el fuste. Cuantas palabras, cuántas
nomenclaturas para un mismo desconcierto. A veces me convenzo de que la
estupidez se llama triángulo, de que ocho por ocho es la locura o un perro
Abrazado a la Maga, esa concreción de nebulosa, pienso que tanto sentido tiene
hacer un muñequito con miga de pan como escribir la novela que nunca escribiré
o defender con la vida las ideas que redimen a los pueblos. El péndulo cumple su
vaivén instantáneo y otra vez me inserto en las categorías tranquilizadoras:
muñequito insignificante, novela trascendente, muerte heroica. Los pongo en
fila, de menor a mayor: muñequito, novela, heroísmo. Pienso en las jerarquías de
valores tan bien exploradas por Ortega, por Scheler: lo estético, lo ético, lo
religioso. Lo religioso, lo estético, lo ético. Lo ético, lo religioso, lo estético. El
muñequito, la novela. La muerte, el muñequito. La lengua de la Maga me hace
cosquillas. Rocamadour, la ética, el muñequito, la Maga. La lengua, la cosquilla,
la ética.

Julio Cortázar, Rayuela

soñé que eras infinito y yo astros dispersos...

La luna llena ilumina tus sueños

Alberto Ruy-Sánchez

Algunas noches,
de luna llena,
como ésta,
duermo contigo
y con tu sueño.

Dentro de ti
algo palpita.
Aflora en la plenitud
de tu descanso,
en tu abandono,
en tus párpados
infinitamente quietos.
En tu mano abierta
sin más,
hacia lo invisible.
En la sonrisa insinuada.
En el cuello que se eriza.

Tal vez la luna lee también
en tu cuerpo dormido
y pleno
esta felicidad tranquila,
este placer despierto dentro.
Y como yo,
te sostiene en su brazos
sin saber ya si es tu sueño
o el mío
el que la luna ilumina.

Hay en tu rostro esa sonrisa
que sólo en esta luz
de luna llena
aparece
y en mi sueño
tú sueñas
que en mi manos
te sueño.

Y tu sonrisa es la mía.

martes, 11 de febrero de 2014

por fin lo hallé completo!!!

Presencia desnuda

Alberto Ruy -Sánchez


Yo no sé de qué están hechos los fantasmas.
Sólo me consta que tú me tocas
me habitas y me acompañas
con toda la belleza de tu cuerpo,
desnuda dentro de mí
y a mi lado,
casi invisible.

Siento tu piel estremecerse
cuando un ligero viento entra al cuarto
o leo un poema que me trastorna.
Hasta cuando busco en la biblioteca
las palabras que necesito con urgencia,
sólo yo sé que tus piernas me las deletrean,
y tus manos me dicen dónde.

Sé que tú ves más
y tocas y escuchas más allá
de lo que mi cuerpo alcanza
porque tu presencia
es más sutil y poderosa.
Está hecha de deseo y entrega,
de soplo obstinado
y piel enamorada,
de luz que respira,
como los fantasmas.

Tu deseo me habita
y me acompaña,
me aconseja prisa o lentitud,
me da forma y ritmo
en los brazos,
en la boca,
en los ojos,
en todo lo que toco y pienso.

Tu deseo
se sienta sobre mi mesa
y al mismo tiempo mira
desde mis ojos cuando escribo.
Tu presencia enriquece mi mirada,
mis palabras, mis anhelos.

Y, si todo nos resulta favorable,
un día, un instante,
tu deseo se cruzará con el mío
en ese punto donde la luz
se cruza con la sombra
y se develan totalmente
los cuerpos desnudos
que se aman.

Y esa desnudez,
lo sabemos,
dice, canta, baila,
confirma
el acto de entregarse
plenamente
a la más grave
y festiva cercanía:
la de los cuerpos
desnudos e indisolubles
de las almas amigas y amantes:
la palpitación
extrema y sensual
de la intimidad
con los fantasmas.

lunes, 10 de febrero de 2014

nada, nada podrá ser más amargo que el mar que llevo dentro, solo y ciego

Nocturno mar
Xavier Villaurrituia

Ni tu silencio duro cristal de dura roca,
ni el frío de la mano que me tiendes,
ni tus palabras secas, sin tiempo ni color,
ni mi nombre, ni siquiera mi nombre
que dictas como cifra desnuda de sentido;

ni la herida profunda, ni la sangre
que mana de sus labios, palpitante,
ni la distancia cada vez más fría
sábana nieve de hospital invierno
tendida entre los dos como la duda;

nada, nada podrá ser más amargo
que el mar que llevo dentro, solo y ciego,
el mar, antiguo Edipo que me recorre a tientas
desde todos los siglos,
cuando mi sangre aún no era mi sangre,
cuando mi piel crecía en la piel de otro cuerpo,
cuando alguien respiraba por mí que aún no nacía.

El mar que sube mudo hasta mis labios,
el mar que me satura
con el mortal veneno que no mata
pues prolonga la vida y duele más que el dolor.
El mar que hace un trabajo lento y lento
forjando en la caverna de mi pecho
el puño airado de mi corazón.