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lunes, 4 de agosto de 2014

El mundo no es real todavía, el tiempo duda: sólo es cierto el calor de tu piel.


Antes del comienzo

Octavio Paz

Ruidos confusos, claridad incierta
Otro día comienza.
Es un cuarto en penumbra
y dos cuerpos tendidos.
En mi frente me pierdo
por un llano sin nadie.
Ya las horas afilan sus navajas.
Pero a mi lado tú respiras;
entrañable y remota
fluyes y no te mueves.
Inaccesible si te pienso,
con los ojos te palpo,
te miro con las manos.
Los sueños nos separan
y la sangre nos junta:
somos un río de latidos.
Bajo tus párpados madura
la semilla del sol.
                                El mundo
no es real todavía,
el tiempo duda:
                              sólo es cierto
el calor de tu piel.
En tu respiración escucho
la marea del ser,

la sílaba olvidada del Comienzo.
Cuéntate la historia con un final feliz. Una que otra bella imagen. Sonrisas de esas que se quedan contigo. Así cuéntate la historia. Repítela a los demás. Que sepan que viviste una historia de amor de esas cursis. Que sepan que hubo besos y más besos. También paseos por la tarde y por la noche. Y palabras que terminaron por ser palomas que ahora se paran en el marco de la ventana de la recámara. Jurarías que se ríen de ti, pero no sabes cómo ríen las palomas. Aunque esos ruidos… cuéntate la historia con un final de esos que dicen son de película. Inverosímiles. No te pongas tan triste. La historia, como la vida, continúa. Así les hablas de tu final. Y finalizas diciendo que tienes una gran memoria selectiva.

domingo, 3 de agosto de 2014

Eras como un dolor inmóvil pero ceñido de ansias. Te guardaba en mis manos creyéndote un silencio de nieve.

Elegía de la rosa blanca

Efraín Huerta

Fuiste cuando el silencio era una voz de llovizna
cuando sabias corolas daban el equilibrio  al
                                                     corazón de junio
y claras lunas tibias como pequeñas ruedas
llevaron al abismo los insomnios por turbios
y los deseos por vivos y angustiados.
Indelicada rosa blanca.
Desesperada rosa tierna.
Dueña del infinito y precursora de la contemplación
                                                              y el tedio.
Rosa blanca: viviste puramente,
como apasionada y cansada frialdad,
como alba derrotista.
Eras como un dolor inmóvil
pero ceñido de ansias.
Te guardaba en mis manos creyéndote un silencio
                                                                     de nieve.
Eras torre y sirena.
Eras madera blanca o brisa.
Eras estrella distraída.
En las noches parecías una selva despierta,
muy mojada. Y al día
siguiente eras perla gigante
o tremenda montaña
o cristalina y rauda flor del tiempo.
Yo te seguía con furia y esperanza.

Vivo dueño de nada con tu muerte.


Vivo como una astilla de tristeza.

Piérdete adelgázate hasta la soledad de los cocodrilos que agonizan al pie de mi medio siglo y de mi alcohol

Aleluya cocodrilos sexuales aleluya
Efraín Huerta

Para ella que me mira morir

El gran río penetró la roca viva
y se adelgazó hasta el miedo y el estruendo
se hizo rayo se hizo ruina se hizo tonto esqueleto
y hoy padece a lo largo de pieles de tigre
a la orilla del cocodrilo que me sueña
y me hunde en el naufragio
de su carne tan blanca
oh carne nacarada en medio
de la arena
                     como tú
y estas dos medallas de oro que muerdo
dalias de vida y de martirio
y en ellas me retrato y consigo el descenso
al dulce infierno de tu vientre
y de nuevo los dientes
                                 ah malditos
ah maldita tú también
larga bestia ululante despierta lengua
en aquel círculo de asesinos
(Pierde toda esperanza
                                    amor mío)
de almas danzantes albas
cool cool cool cool jazz
                                  ¡Bríndamelo por fin
Aleluya Aleluya magnífico Grijalba
muerto de frío de rocas y pañuelos rojos
Piérdete
adelgázate hasta la soledad
de los cocodrilos que agonizan
al pie de mi medio siglo
                                   y de mi alcohol
cohol cohol cohol cohol jazz
marinera manía
de pintar escribir declamar pagar impuestos
luz renta etcétera
                                y luego abrazarte
bajo el diluvio de sones antillanos y misas lubas
y volver a abrazarte hasta el arte y el hartazgo
y aleluyarte hasta no sé cuando
dormida y abrumada purificada
                                                     putificada
¡Aleluya! ¡Aleluya!
poetas elotes tiernos calaveritas apaleadas
poetas inmensos reyes del eliotazgo
baratarios y pancistas
grandísimos quijotes de su tiznadísima chingamusa
perdónenme grandes y pequeños poetas
(Soy acaso el Hijo de Sánchez de la poesía
¿Peralvillo Tepito Incorporated?
Alors los invito a discurrir
pespunte limpio

por el nuevo paseo la Anti-Reforma)

sábado, 2 de agosto de 2014

Cuarteto de Pompeya
(fragmento)

Fabio Morábito

Nos desnudamos tanto

que no nos conocíamos,
que los dioses mandaron
la lava a reinventarnos.

Esa noche la lava
mudó el paisaje en piedra.
Tú y yo fuimos lo único
que se murió de veras.

Si la sonrisa es nido, el beso es sueño de virginal angustia y melodía

Esa sonrisa

Efraín Huerta

Si de un vuelo la esencia iluminase
esta celda que a tientas desconozco,
si de un frágil destello, de una brisa
juvenil o poema, en breves pétalos,
descendiese tu vida; si a mi vida

una virtud le diera buena suerte,
expresaría el poema, la bondad
de tu sereno gesto al apoyarse
tus alas, tu sonrisa y tu belleza
en el clavel de fiebre de mi alma.

Pues tu sonrisa leve manifiesta
una resuelta forma de animar,
de dar ágiles signos, no al sollozo
en que todo se pierde, sino al beso
de impecable factura, de dominio.

Si la sonrisa es nido, el beso es sueño
de virginal angustia y melodía.
Si un día tus pies besé desesperado,
fue tan solo por darme la delicia
de alzar los ojos y mirar al cielo.

Al cielo de tus ojos y tu frente,
al inquietante cielo donde vuelos
de pensamientos gimen, donde una
y otra vez me dedico a descubrir
la desolada nube de mi amor.

Es mejor hablar claro y no decir
que se siente la angustia por sistema.
Es mejor que te diga: No me olvides,
y si me olvidas dame, de tu boca
la fría miseria del final, la muerte.

Pero nada dirás, lo estoy sabiendo,
cuando en dulces instantes como flores,
vienes de nuevo a mí, y en tu sonrisa
aprendo la lección definitiva:

el alba temblorosa de tu boca.

Mi luz te piensa apasionadamente...

Te quiero y te lo digo

Vicente Gaos

Toda la luz del cielo ya en la frente
y en el labio un carbón apasionado.
Mi pensamiento, así de iluminado,
mi lenguaje, de amor, así de ardiente.

Así de ardiente, así de vehemente,
diamante en su pasión transfigurado.
Amarte a ti, universo deseado.
Mi luz te piensa apasionadamente.

Mi luz te piensa a ti, luz de mi vida,
pasión mía, luz mía, fuego mío
llama mía inmortal, noche encendida,

cauce feliz de mi profundo río,
arrebatada flecha, alba elegida,

mi dulce otoño, mi abrasado estío.