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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Y nos preguntamos si se vuelve a amar así: con miradas sonrientes, con ganas de entregarlo todo, con los sueños y las ilusiones entre las manos, mirando al sol; la repuesta es no, aquello sólo pasa una vez. 

Cuando uno se pregunta si aquello se puede volver a sentir...

Al cielo

Vicente Aleixandre

El puro azul ennoblece
mi corazón. Sólo tú, ámbito altísimo
inaccesible a mis labios, das paz y calma plenas
al agitado corazón con que estos años vivo.
Reciente la historia de mi juventud, alegre todavía
y dolorosa ya, mi sangre se agita, recorre su cárcel
y, roja de oscura hermosura, asalta el muro
débil del pecho, pidiendo tu vista,
cielo feliz que en la mañana rutilas,
que asciendes entero y majestuoso presides
mi frente clara, donde mis ojos te besan.
Luego declinas, ¡oh sereno, oh puro don de la altura!,
cielo intocable que siempre me pides, sin cansancio, mis besos,
como de cada mortal, virginal, solicitas.
Sólo por ti mi frente pervive al sucio embate de la sangre.
Interiormente combatido de la presencia dolorida y feroz,
recuerdo impío de tanto amor y de tanta belleza,
una larga espada tendida como sangre recorre
mis venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,
das calma a este acero sin tregua que me yergue en el mundo.
Baja, baja dulce para mí y da paz a mi vida.
Hazte blando a mi frente como una mano tangible
y oiga yo como un trueno que sea dulce una voz
que, azul, sin celajes, clame largamente en mi cabellera.
Hundido en ti, besado del azul poderoso y materno,
mis labios sumidos en tu celeste luz apurada
sientan tu roce meridiano, y mis ojos
ebrios de tu estelar pensamiento te amen,
mientras así peinado suavemente por el soplo de los astros,

mis oídos escuchan al único amor que no muere.

martes, 9 de diciembre de 2014

Despertar es quebrar ilusiones


Que la brisa no deje de acariciar tus labios, sólo eso te pido. Que los recorra cada tarde, pausada, rítmica y te diga después al oído que te he esperado aún sabiendo que no vendrías. Al emprender esta caminata sabía que entre mis manos estaba todo como un cristal a punto de estallar; si tan sólo la paciencia se contará entre mis virtudes, si tan sólo la vida me hubiera enseñado a callar menos…
Xochicalco es hermoso, me dolía una rodilla, hacía viento y había pocas ganas de aceptar que hay historias que deben guardarse en sobres de memoria blanca para evitar que se llenen más de lugares comunes. Quise hacer un inventario de recuerdos, besos y miradas… de pronto esa pareja de argentinos retiró los audífonos de iPhone y decidió compartimos La última carta, seguro estaban, de menos, bebidos; pero qué bello instante regalaron, así sin querer, sin pensar… quizá por eso antes de que terminara se vieron cohibidos y silenciaron el asunto.
Con el inventario interrumpido, como interrumpidos tantos momentos que empezaban a ser, como tantas palabras ensayadas y luego sepultadas, llegó la hora de regresar, cómo demonios habían sucedido tres horas, mientras aquella pieza no terminaba. Mientras fijaba una estampa en las alturas: la pareja de argentinos tragándose a besos (con selfies como testigos); la mujer muy pasada de peso que con cara de hartazgo cargaba a una hermosa niña que le babeaba el cabello, el presunto esposo mirándole las nalgas a otra chica de más allá que pensó que iba a la playa y se vistió para la ocasión. Unos vendedores de papitas y raspados que burlaron a los polis; los polis arreándonos para ir abandonando el sitio; un árbol casi seco que se aferra a las rocas y baila con el viento; mis manos heladas y el saber que no hay días así para nosotros. No en la realidad, sí en los sueños, sí en mis deseos, no más en mis esperanzas.
Escribió Gelman “¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,/hasta aquí el agua?” Creo que uno puede responder a ello desde Xochicalco en tarde de sábado, sentado al lado del árbol que se aferra, antes de que los polis se enteren de que soy la última aquí.  

lunes, 8 de diciembre de 2014

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas

Límites

Juan Gelman

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.

Sangran.

domingo, 7 de diciembre de 2014

No pudimos con la áspera textura de los vientos...

Áspera textura del viento

Gioconda Belli

Nacida de la selva me tomaste
arisca yegua para estribos y albardas.

Durante muchas noches
nada se oyó
sino el chasquido del látigo
el rumor del forcejeo
las maldiciones
y el roce de los cuerpos
midiéndose la fuerza en el espacio.

Cabalgamos por días sin parar
desbocados corceles del amor
dando y quitando,
riendo y llorando
-el tiempo de la doma
el celo de los tigres-

No pudimos con la áspera textura de los vientos.
Nos rendimos ante el cansancio
a pocos metros de la pradera
donde hubiéramos realizado
todos nuestros encendidos sueños.


Mi cara (que no he visto) no proyecta una cara en el espejo.

Ni siquiera soy polvo

Jorge Luis Borges

No quiero ser quien soy. La avara suerte
me ha deparado el siglo diecisiete,
el polvo y la rutina de Castilla,
las cosas repetidas, la mañana
que, prometiendo el hoy, nos da la víspera,
la plática del cura y del barbero,
la soledad que va dejando el tiempo
y una vaga sobrina analfabeta.
Soy hombre entrado en años. Una página
casual me reveló no usadas voces
que me buscaban, Amadís y Urganda.
Vendí mis tierras y compré los libros
que historian cabalmente las empresas:
el Grial, que recogió la sangre humana
que el Hijo derramó para salvarnos,
el ídolo de oro de Mahoma,
los hierros, las almenas, las banderas
y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
los reinos de la tierra, vindicando
el honor ultrajado o imponiendo
justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
a nuestro tiempo ese ejercicio noble.
Mis sueños lo divisan. Lo he sentido
a veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
seré ese paladín. Seré mi sueño.
En esta vieja casa hay una adarga
antigua y una hoja de Toledo
y una lanza y los libros verdaderos
que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
no proyecta una cara en el espejo.
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
que entreteje en el sueño y la vigilia
mi hermano y padre, el capitán Cervantes,
que militó en los mares de Lepanto
y supo unos latines y algo de árabe...
Para que yo pueda soñar al otro
cuya verde memoria será parte
de los días del hombre, te suplico:

mi Dios, mi soñador, sigue soñándome.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Entre sueños dorados y varios recuerdos, sí, sé cómo soñar, no sé cómo creer...