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viernes, 10 de octubre de 2014

De cuando el otoño tuvo que aprender

Es el otoño y el saber que se está al filo de una invisible caída. Es el otoño y una absoluta confesión que se asemeja a una pesadilla de esas en que uno lucha para despertar, apretando la almohada con fuerza para saber que al abrir los ojos las cosas volverán a la normalidad. Despiertas y no vuelven, aceptas que… no es cierto, no aceptas nada, no aún; ese es el puto problema: aceptar porque hay que hacer, no quedarse sentado mirando el paso de la luz entre las cortinas.

            Entonces te preguntas por el hacer, pero es como un hueco, porque en realidad la respuesta parece lógica, obvia, clara; sin embargo no se siente así, en vez de eso es fría, violenta y lejana, viene el miedo y el llanto. La vida nos enseña de formas muy distintas, de formas que no son las que uno quisiera, lo que uno termina por aprender sólo se ve a la distancia, no antes. Uno cree saber de responsabilidad, parece que en tantos años uno sabe, pero no. Pero y si lo que sucede nos enseñara más; si uno decidiera no hacer. Esa idea es la que hace mucho no había cruzado la mente, dijeron que se llama instinto; esa idea es la que pone el filo invisible y uno a punto de dar el paso y, sin importar si se hace o no, habrá un antes y un después. Viene el llanto, el miedo y la hora de aceptar.

jueves, 9 de octubre de 2014

si anduve de rabia en rabia saliendo de un muerto entrando a otro muerto o mundo roto/ si así viaje todos estos años

Nota V

Juan Gelman
no echés a la tristeza del fogón/
siéntese aquí a mi lado/vieja/
usted nunca me va a dejar/
perdonemé si la olvidé

si anduve de rabia en rabia
saliendo de un muerto entrando
a otro muerto o mundo roto/
si así viaje todos estos años/

arrímese/tristeza/
que me hace tanta furia
y tanto puerto muerto y

necesito viajar/viajar

Y después manos blancas desparramando rosas sobre el alma escondida y serena de las cosas...

El sueño

Alfonsina Storni

Yo vi dos soles rojos dominando el espacio
Perlaban en sus rayos las luces de topacio
y tendí mis dos manos hambrientas de infinito
para estrujar en ellas un inefable mito.

Las dos pupilas rojas como rosas del cielo
cegaron mis pupilas, soberbias en su anhelo
de mirar cara a cara los toques de diamantes.

Después, como un crujido de nudos que se quiebran...
Tempestades soberbias que en los mares se enhebran;
parto de los dioses... Un quejido de dios...
¡Y bocas que se muerden en un supremo adiós!

Más tarde una sonata más dulce que la miel;
agonía de lirios en el jardín aquel.
palacio de oro y oro donde habita una maga
que ha dormido cien años por maldición aciaga.

Y después manos blancas desparramando rosas
sobre el alma escondida y serena de las cosas...
Y un silencio de muerte cansado y sepulcral
donde se prende el lotus venenoso del mal.

Y después la mañana que llega a los cristales
del cuarto miserable donde muerdo mis males...
Y después otro día que se esboza en el lloro
de mis días sin sol, de mis soles sin oro!...


No la vi. Me dormí queriendo verla al amanecer, pero no desperté. Sin embargo, mi sueño y lo que acompañó a mi sueño, es el equivalente a ese instante de luna roja: tiempos felices en noches de otoño.

martes, 7 de octubre de 2014

Son casi invisibles las fronteras que dividen los sueños de las pesadillas. También hay que andar con cuidado. Nunca sabes en qué momento pasas de un cielo a un infierno. Bastan las ganas de un brinquito y se jodió la cosa. Y eso es lo que preocupa. Estar siempre tan cerca de los dos lugares.

Estatua derruida en cenizas la brasa consumida con la arcilla de ayer formó su vida.

Esta flor en mis manos, repentina...

Salvador Novo

Esta flor en mis manos, repentina
alba en mi noche estrellada
de mi sueño nacida
¿me atreveré a tocarla?
¿mereceré siquiera profanar con mis ojos
la luz que la revela?

El aire desolado de la espera vacía,
el aire en que no estaba ¡respiré tantos años!
El agua que era muerta y clara y muda,
el agua quieta y dócil, resignada,
humedece su imagen luminosa.
A su labio asomada
-¿por qué milagro?- el agua se quema en su homenaje.

Estatua derruida
en cenizas la brasa consumida
con la arcilla de ayer formó su vida.

¿Qué sino a u fulgor puede mi noche
atesorar, atónita, el sueño redivivo?
¿Qué voz hallar, qué grito,
qué jubiloso y asombrado canto
saludará su aurora?


Tiendo hacia ti mis manos de mendigo.

lunes, 6 de octubre de 2014

gnoro si mi inexistencia sacia tu destino, si la tuya colma el mío que se desborda...

Ex voto
Eugenio Montale

Sucede
que las afinidades del alma no lleguen
a los gestos y a las palabras sino que permanezcan
difusas como un magnetismo. Es extraño,
pero pasa.

Puede ser
que sea cierta tan sólo la lejanía,
cierto el olvido, cierta la hoja seca
más que el fresco pimpollo. Todo eso y más
puede darse o decirse.

Entiendo
tu obstinada voluntad de estar siempre ausente
porque sólo así se manifiesta
tu magia. Innúmeras son las astucias
que advierto.

Insisto
en buscarte en la astilla y nunca
en el árbol enhiesto, nunca en lo lleno, siempre
en lo vacío: en eso que hasta el taladro
resiste.

Era o no era
la voluntad de los numen que presidían
tu lejano hogar, extraños
multiformes multialmas animales domésticos;
quizás sólo me lo parecía
o no era así.

Ignoro
si mi inexistencia sacia tu destino,
si la tuya colma el mío que se desborda,
si la inocencia es una culpa o bien
se gesta en el umbral de tus lares. De mí,
de ti todo lo sé, todo

lo ignoro.