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lunes, 18 de enero de 2016
Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos, el peso del silencio, ese arco, ese abandono, enciéndeme las manos, ahóndame la vida con la dádiva dulce que te pido.
La noche
Idea
Vilariño
Es
un oro imposible de comprender, un acabado
silencio
que renace y se incorpora.
Las
manos de la noche buscan el aire, el aire
se
olvida sobre el mar,
el
mar cerrado,
el
mar,
solo
en la noche, envuelto
en
su gran soledad,
el
hondo mar agonizando en vano...
El
mar oliendo a algas moribundas y al sol,
la
arena a musgo, a cielo, el cielo
a
estrellas. La alta noche sin voces
deviniendo
en sí misma, inagotada y plena,
es
la mujer total con los ojos serenos
y
el hombre silencioso olvidado en la playa,
el
alto, el poderoso, el triste,
el
que contempla,
conoce
su poder que crea, ordena el mundo,
se
vuelve a su conciencia que da fe de las cosas,
y
el haz de los sentidos le limita la noche.
Concédeme
esos cielos, esos mundos dormidos,
el
peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme
las manos,
ahóndame
la vida
con
la dádiva dulce que te pido.
Dame
la luz sombría, apasionada y firme
de
esos cielos lejanos, la armonía
de
esos mundos sellados,
dame
el límite mudo, el detenido
contorno
de esas lunas de sombra,
su
contenido canto.
Tú,
el negado, da todo,
tú,
el poderoso, pide,
tú,
el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de
esa miel inmediata y sin sentido.
Estás
solo, lo mismo.
Yo
no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo
no soy en tu noche más que un lago, una copa,
más
que un profundo lago,
en
que puedes beber aun cerrados los ojos,
olvidado.
soy
para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo
de la muerte,
lo
que llega en el día frío el hombre espera, aguarda,
y
llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y
el olvido total lo ciega y lo anonada.
Sin
límites la noche,
pura,
despierta, sola,
solícita
al amor, ángel de todo gesto...
Estás
solo, lo mismo.
Ebrio,
lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete
a la hora.
viernes, 15 de enero de 2016
Digo tu nombre en sílabas sonoras, oigo el marcial acento de tu paso...
Pienso, mi
amor, en ti todas las horas...
Salvador Novo
Pienso, mi
amor, en ti todas las horas
del insomnio
tenaz en que me abraso;
quiero tus
ojos, busco tu regazo
y escucho
tus palabras seductoras.
Digo tu
nombre en sílabas sonoras,
oigo el
marcial acento de tu paso,
te abro mi
pecho -y el falaz abrazo
humedece en
mis ojos las auroras.
Está mi
lecho lánguido y sombrío
porque me
faltas tú, sol de mi antojo,
ángel por
cuyo beso desvarío.
Miro la vida
con mortal enojo,
y todo esto
me pasa, dueño mío,
porque hace
una semana que no cojo.
jueves, 14 de enero de 2016
Revela en su cuerpo, finalmente, el abrazo de un hombre: el único que podría dejarle huella y que le ha borrado la sonrisa.
Celos
Cesar Pavesse
1
Uno se sienta
de frente y se vacían los primeros vasos
lentamente,
contemplando fijamente al rival con adversa mirada.
Después se
espera el borboteo del vino. Se mira al vacío,
Bromeando. Si
tiemblan todavía los músculos,
también le
tiemblan al rival. Hay que esforzarse
para no beber
de un trago y embriagarse de golpe.
Allende el
bosque, se oye el bailable y se ven faroles
bamboleantes
-sólo han quedado mujeres
en el
entarimado. El bofetón asestado a la rubia
congregó a todo
el mundo para regodearse con el lance.
Los rivales
notaban en la boca un gusto de rabia
y de sangre;
ahora notan el gusto del vino.
Para liarse a
golpes, es preciso estar solos,
como para hacer
el amor, pero siempre está la noche.
En el
entarimado, los faroles de papel y las mujeres
no están
quietos con el aire fresco. La rubia, nerviosa,
se sienta e
intenta reír, pero se imagina un prado
en que los dos
contienden y se desangran.
Les ha oído
vocear más allá de la vegetación.
Melancólica,
sobre el entarimado, una pareja de mujeres
pasea en
círculo; alguna que otra rodea a la rubia
y se informan
acerca de si en verdad le duele la cara.
Para liarse a
golpes es preciso estar solos.
Entre los
compañeros siempre hay alguno que charla
y es objeto de
bromas. La porfía del vino
ni siquiera es
un desahogo: uno nota la rabia
borboteando en
el eructo y quemando el gaznate.
El rival, más
sosegado, ase el vaso
y lo apura sin
interrupción. Ha trasegado un litro
y acomete el
segundo. El calor de la sangre,
al igual que
una estufa, seca pronto los vasos.
Los compañeros
en derredor tienen rostros lívidos
y oscilantes,
las voces apenas se oyen.
Se busca el
vaso y no está. Por esta noche
-incluso
venciendo- la rubia regresa sola a casa.
2
El viejo tiene
la tierra durante el día y, de noche,
tiene una mujer
que es suya -que hasta ayer fue suya.
Le gustaba
desnudarla, como quien abre la tierra,
y mirarla largo
tiempo, boca arriba en la sombra,
esperando. La
mujer sonreía con sus ojos cerrados.
Se ha sentado
el viejo esta noche al borde
de su campo
desnudo, pero no escruta la mancha
del seto
lejano, no extiende su mano
para arrancar
la hierba. Contempla entre los surcos
un pensamiento
candente. La tierra revela
si alguien ha
colocado sus manos sobre ella y la ha violado:
lo revela
incluso en la oscuridad. Más no hay mujer viviente
que conserve el
vestigio del abrazo del hombre.
El viejo ha
advertido que la mujer sonríe
únicamente con
los ojos cerrados, esperando supina,
y comprende de
pronto que sobre su joven cuerpo
pasa, en
sueños, el abrazo de otro recuerdo.
El viejo ya no
contempla el campo en la sombra.
Se ha
arrodillado, estrechando la tierra
como si fuese
una mujer que supiera hablar.
Pero la mujer,
tendida en la sombra, no habla.
Allí donde está
tendida, con los ojos cerrados, la mujer no habla
ni sonríe, esta
noche, desde la boca torcida
al hombro
lívido. Revela en su cuerpo,
finalmente, el
abrazo de un hombre: el único
que podría
dejarle huella y que le ha borrado la sonrisa.
miércoles, 13 de enero de 2016
País de la ausencia extraño país, más ligero que ángel y seña sutil, color de alga muerta, color de neblí, con edad de siem
País de la
ausencia
Gabriela
Mistral
A
Ribeiro Couto
País
de la ausencia
extraño
país,
más
ligero que ángel
y
seña sutil,
color
de alga muerta,
color
de neblí,
con
edad de siempre,
sin
edad feliz.
No
echa granada,
no
cría jazmín,
y
no tiene cielos
ni
mares de añil.
Nombre
suyo, nombre,
nunca
se lo oí,
y
en país sin nombre
me
voy a morir.
Ni
puente ni barca
me
trajo hasta aquí,
no
me lo contaron
por
isla o país.
Yo
no lo buscaba
ni
lo descubrí.
Parece
una fábula
que
yo me aprendí,
sueño
de tomar
y
de desasir.
Y
es mi patria donde
vivir
y morir.
Me
nació de cosas
que
no son país;
de
patrias y patrias
que
tuve y perdí;
de
las criaturas
que
yo vi morir;
de
lo que era mío
y
se fue de mí.
Perdí
cordilleras
en
donde dormí;
perdí
huertos de oro
dulces
de vivir;
perdí
yo las islas
de
caña y añil,
y
las sombras de ellos
me
las vi ceñir
y
juntas y amantes
hacerse
país.
Guedejas
de nieblas
sin
dorso y cerviz,
alientos
dormidos
me
los vi seguir,
y
en años errantes
volverse
país,
y
en país sin nombre
me
voy a morir.
viernes, 8 de enero de 2016
se codician, se palpan, se fascinan...
Poema 12
Oliverio Girondo
Se miran, se
presienten, se desean,
se acarician,
se besan, se desnudan,
se respiran, se
acuestan, se olfatean,
se penetran, se
chupan, se demudan,
se adormecen,
se despiertan, se iluminan,
se codician, se
palpan, se fascinan,
se mastican, se
gustan, se babean,
se confunden,
se acoplan, se disgregan,
se aletargan,
fallecen, se reintegran,
se distienden,
se enarcan, se menean,
se retuercen,
se estiran, se caldean,
se estrangulan,
se aprietan se estremecen,
se tantean, se
juntan, desfallecen,
se repelen, se
enervan, se apetecen,
se acometen, se
enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se
apresan, se dislocan,
se perforan, se
incrustan, se acribillan,
se remachan, se
injertan, se atornillan,
se desmayan,
reviven, resplandecen,
se contemplan,
se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se
sueldan, se calcinan,
se desgarran,
se muerden, se asesinan,
resucitan, se
buscan, se refriegan,
se rehuyen, se
evaden, y se entregan.
martes, 5 de enero de 2016
Sube el vino azul de estar contigo; trasmuta la vivienda oscura, en canon de puertas frente a frente, en flamas de túnel submarino, en fiesta de barcos, en jardines.
Son
olor de lluvia tus cabellos...
Rubén
Bonifaz Nuño
Son olor de lluvia tus cabellos.
Nocturna memoria del estío.
Y el umbral ansioso de la casa
se alegra en tus zapatos rojos,
tu meso de musgos claros goza.
Y los efluvios de tu abrigo
mojado, y tu sonrisa, vienen,
y el triunfal asedio de tus brazos
en mi cuello, y tu mirada en fuga.
Sube el vino azul de estar contigo;
trasmuta la vivienda oscura,
en canon de puertas frente a frente,
en flamas de túnel submarino,
en fiesta de barcos, en jardines.
Socorro de mis años, dices:
”Y yo a ti.” Canción para cantarte,
adorno de tu voz, diadema.
Y estás en tu cuerpo, y nuestros pasos
juntos, una vez, se reconocen
en el corredor de aquella casa
que no fue la casa que buscamos.
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