Translate

lunes, 9 de febrero de 2015

En brazos de la noche
Tomas Segovia

Está ya oscurecida la hermosura;
los árboles desnudos
se mecen en la sombra,
y un gran silencio vela suspendido.

En brazos de la noche
se guarda y perpetúa la promesa del día,
la prometida plenitud del día
que cumple en sólo prometerse
un don que nos inclina,
y nos fuerza, y nos basta.

De noche la hermosura a solas habla;
a solas en el aire solo
late oculto el ardor de su promesa
sin cesar renovada.

Y a través de la noche,
desde el oscuro fondo de su entraña,
nos guía y acompaña
heridos de esperanza, al nuevo día,

nuevamente a cumplir bajo el sol nuevo
su plenitud igual y suficiente
de prometida nuestra sin fin, siempre la misma.

jueves, 5 de febrero de 2015

Flor que sólo una mañana duraste en mi huerto amado...

Glosa
Nicolás Guillen


No sé si me olvidarás,
ni si es amor este miedo;
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.
                             (Andrés Eloy Blanco)

1

Como la espuma sutil
con que el mar muere deshecho,
cuando roto el verde pecho
se desangra en el cantil,
no servido, sí servil,
sirvo a tu orgullo no más,
y aunque la muerte me das,
ya me ganes o me pierdas,
sin saber que me recuerdas
no sé si me olvidarás.

2

Flor que sólo una mañana
duraste en mi huerto amado,
del sol herido y quemado
tu cuello de porcelana:
quiso en vano mi ansia vana
taparte el sol con un dedo;
hoy así a la angustia cedo
y al miedo, la frente mustia...
No sé si es odio esta angustia,
ni si es amor este miedo.

3

¡Qué largo camino anduve
para llegar hasta ti,
y qué remota te vi
cuando junto a mí te tuve!
Estrella, celaje, nube,
ave de pluma fugaz,
ahora que estoy donde estás,
te deshaces, sombra helada:
ya no quiero saber nada;
yo sólo sé que te vas.

4

¡Adiós! En la noche inmensa,
y en alas del viento blando,
veré tu barca bogando,
la vela impoluta y tensa.
Herida el alma y suspensa,
te seguiré, si es que puedo;
y aunque iluso me concedo
la esperanza de alcanzarte,
ante esa vela que parte,

yo sólo sé que me quedo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Pensar en tu mirada y en mi olvido dejando el pensamiento dilatado y saber que no se quiere dejar los labios de besar...

El pensamiento olvidado

Alí Chumacero

Pensar en tu mirada y en mi olvido
dejando el pensamiento dilatado
a través de tus ojos, anegado
de su mismo vivir con tu sentido;

después mirar tu olvido que en mí asoma
como una rosa que al espacio diera
leve prolongación y luego fuera
la propia luz que toca con su aroma,

es entregarme a ti sin más denuedo
que la lucha del cuerpo contra el viento,
y contigo soñando estar tan quedo

como náufrago mar o vano intento:
porque ya que pensarte en mí no puedo,

dejo olvidado en ti mi pensamiento.

noche muda...

Oscuro canto
Alaíde Foppa

Oscuro canto
que brota
de la honda esperanza
rota,
y del retorno
al círculo cerrado.
Peso escondido
como hijo sin nacer
en el vientre profundo,
apretado nudo
en el lugar del corazón.

Ay, tampoco suena
ni sube
el nocturno canto
hacia el cielo lejano.
Es una voz sorda
que se ahoga en la garganta,
es un grito callado.
Y si sube,
no es un vuelo
en la noche muda,
es sólo una nube de humo
que se pierde en la sombra.


martes, 3 de febrero de 2015

Hay caminos que se cruzan para detener el tiempo

Ayer fue la primera vez que se encontraban sin que la casualidad lo quisiera. Ella agregó un destinatario al mensaje de fin de año que acostumbra mandar a las personas que le compartieron risas y llanto; él contestó casi de inmediato; ella también; él de nuevo. Ella estaba cerca del mar; él perdido en la ciudad. No había encuentro posible, pero las posibilidades se multiplican cuando los encuentros valen la pena.
            Adán y ella, ahí… ambos llegaron antes de lo acordado. Casa Tomás es un lugar bonito, lleno de gente que aparenta ser lo que cree mejor, pero el lugar bonito. Cuando ella entró, Adán ya bebía el primer trago de la taza; es curiosa la manera en que las miradas se encuentran cuando se presiente al otro. Un mesurado saludo, de abrazo contenido y risa nerviosa. Ambos bebieron té, ambos sentados, mirándose.
̶  ¿Cuánto hace que no te veía?, te ves más pequeña… debe ser el cabello o los lentes o quizá algo de lo que espero me cuentes.
̶  Quisiera creerlo, pero mi espejo dice lo contrario. Se acomodo despacio el cabello y los anteojos. El cabello de él está mucho más cano que la última vez. Ambos se sienten menos nerviosos, distraen menos la mirada, mastican menos las pocas palabras que se dirán.
            El ritual de llamar al mesero para rellenar las tazas se vio anulado, las teteras sobre la mesa, la amabilidad de él, sin disimulo de ofrecerse a rellenar las tazas de ambos en repetidas ocasiones.
̶  Te vi hace unos meses en una foto, peliroja y con mirada diáfana, era como si la Mariana de mi salón regresara. Hoy no está ella aquí, ¿puedo preguntar por qué? La mirada de ella le contestó.
̶ Disculpa, no quiero incomodar; es sólo que, como a ti, las miradas, las sonrisas y las manos, entre otras cosas, me demandan especial interés. Ella se rió con eso de “entre otras cosas”. ̶  Las sonrisas empiezan a dejarme de interesar, creo que se fingen con extrema facilidad, en cambio la mirada, la mirada… ahí poco se puede ocultar, poco negar. ¿Tú crees que se puede mentir sin que la mirada lo refleje?  ̶ Esa, Mariana, no es una pregunta que debieras hacerme a mí.
            La plática fue larga, ella necesitaba hablar con alguien que no la juzgara, que no tomara partida, que simplemente escuchara.  ̶ Me enamoré y no funcionó; ahora me cuestiono tanto las razones; quisiera dejar tan atrás los recuerdos. Cerrar los ojos y olvidar. Cayeron lágrimas; él abandonó la silla y se sentó en el sillón, a su lado y la abrazo.
̶  ¿Qué pasa Mariana, llorar así no sólo es por desamor, verdad?, ¿quieres caminar? Angustiada se secaba las lágrimas, aquello de lloriquear en público le era sumamente vergonzoso. ̶  No, no quiero caminar, perdona, ahora regreso.
            Varios minutos en el cuarto de baño, agua fría en el rostro, respiraciones profundas… regresó y él había pedido un pastelillo. Le ofreció probarlo:  ̶  Los bocados dulces son buenos para estos momentos, le dijo haciendo una mueca cómplice.
            La conversación cambio de rumbo, el trabajo… ella está muy contenta con lo que tiene; él está pensando en tomarse un sabático para viajar, para mirar y aclarar qué quiere para el breve futuro del que cree disponer.  ̶  Ayúdame con un círculo literario que voy formar, extraño dar clases; extraño leer en voz alta. Sonriente conversación sobre enseñarle a una señoras que van al gym tres horas, a leer algo más que los anuncios del spa. ̶ Empiezo el siguiente lunes y me daría mucho gusto si me acompañas.
            Él miro su celular,  ̶  Quiero un cigarro, ahora vuelvo, dijo ella, tomó la bolsa y salió. Pocos minutos después se hicieron compañía. Al regresar al salón, la mesa les recibió ajena. Pidieron la cuenta y sin invitación ni consenso echaron a caminar.
            Esos espacios verdes que cortan el asfalto en esta ciudad son puertas abiertas a la esperanza. Parque Río de Janeiro, empezaba a soplar un viento frío; se susurraron las palabras sobre la muerte, sobre la esperanza que tienen los niños que persiguen burbujas de jabón… ̶ La vida, la que vale la pena, es de quienes pueden dejarse ir, vencer el miedo y tomar la felicidad, sin importar qué sea eso para cada uno. No te juzgues tan cruelmente, yo no creo que hayas sido egoísta Mariana, sabes que fue mejor así.

            La mamá de uno de los cazadores de burbujas no podía disimular su interés malsano por mirarlos, seguro pensaba en la diferencia de edad; en el por qué de las lágrimas… Nada era así. Muy pocas cosas son como las mira la gente que no sabe lo que los seres rotos guardan en sus miradas. Adán y Mariana se sentaron en una banca y como si Casiopea les hubiera dado un regalo, el tiempo se detuvo. 

lunes, 2 de febrero de 2015

Sólo el silencio tiene palabras Que pueden decirse junto a ti sin herirte.

VI

Margarite Youcernal

Sólo el silencio tiene palabras
Que pueden decirse junto a ti sin herirte.
Ante lo irremediable, sólo podemos sonreír;
Llueven sobre tu cuerpo las lágrimas de las corolas.

A la hora en que nos despojemos de nuestras máscaras
Deslizándonos soñolientas en el mismo lecho,
Por cada dedo tembloroso de la hierba que nos roce
Tú podrás bendecirme y yo acariciarte.

Es hacia tu dulzura que conduce mi camino.
De este suelo impregnado de alma humana,
El olvido, lento jardinero, extirpa el remordimiento.

Inagotable, vaga el amor de vena en vena;
No quisiera perturbar con un vano lamento

El eterno abrazo de la tierra y los muertos.

sueño con el adiós y el olvido

Durante algunas noches hice el intento: segundos antes de cerrar los ojos para hundirme en una pantanosa oscuridad te decía adiós seleccionándote desde mi catálogo del imaginario. Adiós a lo que habías venido a significar en un determinado momento de mi vida. Adiós a lo que había sido. No obstante, al amanecer, empujada por la primera luz de la mañana, descubría, no sin cierto asombro, que  insistías en permanecer en mi memoria, como si te sostuvieras sobre esos periodos oníricos, propios de los románticos alemanes, para hacer más sólida tu presencia, incluso multiplicándote en otros hombres que aparecían en mis sueños. De tal suerte que, con el paso de los días, presa de algunas crisis insomnes, llegué a la conclusión de que contigo el adiós siempre será más complicado de lo que parece.