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lunes, 15 de diciembre de 2014

No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no pienso más que en ella.

He pasado toda la noche sin dormir, viendo...

Fernando Pessoa

He pasado toda la noche sin dormir, viendo,
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de como ella me parece.
Hago pensamientos con el recuerdo de lo que
es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no
pienso más que en ella.
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
Para no tener que dejarla luego.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
Pensar en ella.

Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.

sábado, 13 de diciembre de 2014

ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí...

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 Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.



Julio Cortázar, Rayuela

jueves, 11 de diciembre de 2014

Porque 20 poemas preceden esta noche...

La canción desesperada 

Pablo Neruda

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!

Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.


Es la hora de partir. Oh abandonado!

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Y nos preguntamos si se vuelve a amar así: con miradas sonrientes, con ganas de entregarlo todo, con los sueños y las ilusiones entre las manos, mirando al sol; la repuesta es no, aquello sólo pasa una vez. 

Cuando uno se pregunta si aquello se puede volver a sentir...

Al cielo

Vicente Aleixandre

El puro azul ennoblece
mi corazón. Sólo tú, ámbito altísimo
inaccesible a mis labios, das paz y calma plenas
al agitado corazón con que estos años vivo.
Reciente la historia de mi juventud, alegre todavía
y dolorosa ya, mi sangre se agita, recorre su cárcel
y, roja de oscura hermosura, asalta el muro
débil del pecho, pidiendo tu vista,
cielo feliz que en la mañana rutilas,
que asciendes entero y majestuoso presides
mi frente clara, donde mis ojos te besan.
Luego declinas, ¡oh sereno, oh puro don de la altura!,
cielo intocable que siempre me pides, sin cansancio, mis besos,
como de cada mortal, virginal, solicitas.
Sólo por ti mi frente pervive al sucio embate de la sangre.
Interiormente combatido de la presencia dolorida y feroz,
recuerdo impío de tanto amor y de tanta belleza,
una larga espada tendida como sangre recorre
mis venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,
das calma a este acero sin tregua que me yergue en el mundo.
Baja, baja dulce para mí y da paz a mi vida.
Hazte blando a mi frente como una mano tangible
y oiga yo como un trueno que sea dulce una voz
que, azul, sin celajes, clame largamente en mi cabellera.
Hundido en ti, besado del azul poderoso y materno,
mis labios sumidos en tu celeste luz apurada
sientan tu roce meridiano, y mis ojos
ebrios de tu estelar pensamiento te amen,
mientras así peinado suavemente por el soplo de los astros,

mis oídos escuchan al único amor que no muere.

martes, 9 de diciembre de 2014

Despertar es quebrar ilusiones


Que la brisa no deje de acariciar tus labios, sólo eso te pido. Que los recorra cada tarde, pausada, rítmica y te diga después al oído que te he esperado aún sabiendo que no vendrías. Al emprender esta caminata sabía que entre mis manos estaba todo como un cristal a punto de estallar; si tan sólo la paciencia se contará entre mis virtudes, si tan sólo la vida me hubiera enseñado a callar menos…
Xochicalco es hermoso, me dolía una rodilla, hacía viento y había pocas ganas de aceptar que hay historias que deben guardarse en sobres de memoria blanca para evitar que se llenen más de lugares comunes. Quise hacer un inventario de recuerdos, besos y miradas… de pronto esa pareja de argentinos retiró los audífonos de iPhone y decidió compartimos La última carta, seguro estaban, de menos, bebidos; pero qué bello instante regalaron, así sin querer, sin pensar… quizá por eso antes de que terminara se vieron cohibidos y silenciaron el asunto.
Con el inventario interrumpido, como interrumpidos tantos momentos que empezaban a ser, como tantas palabras ensayadas y luego sepultadas, llegó la hora de regresar, cómo demonios habían sucedido tres horas, mientras aquella pieza no terminaba. Mientras fijaba una estampa en las alturas: la pareja de argentinos tragándose a besos (con selfies como testigos); la mujer muy pasada de peso que con cara de hartazgo cargaba a una hermosa niña que le babeaba el cabello, el presunto esposo mirándole las nalgas a otra chica de más allá que pensó que iba a la playa y se vistió para la ocasión. Unos vendedores de papitas y raspados que burlaron a los polis; los polis arreándonos para ir abandonando el sitio; un árbol casi seco que se aferra a las rocas y baila con el viento; mis manos heladas y el saber que no hay días así para nosotros. No en la realidad, sí en los sueños, sí en mis deseos, no más en mis esperanzas.
Escribió Gelman “¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,/hasta aquí el agua?” Creo que uno puede responder a ello desde Xochicalco en tarde de sábado, sentado al lado del árbol que se aferra, antes de que los polis se enteren de que soy la última aquí.  

lunes, 8 de diciembre de 2014

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas

Límites

Juan Gelman

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.

Sangran.