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martes, 3 de junio de 2014


A veces Altair gime largo, tendida...
Rafael Alberti
A veces Altair gime largo, tendida,
hincada por el viento oscuro que la envuelve,
agitada en su sima
dulce de espumas lentas que la llevan
casi a morir sin voz, para salirse
otra vez de su hondo
mar secreto, sin límite, incesante...
Una estrella Altair, latente y poderosa.

Di tú O: Si no es amor, ¿qué es esto que me agobia de ternura? Mañana inútil: pájaros y flores sin testigos

Día veintitrés. Y tu poética

Gilberto Owen

Primero está la noche con su caos de lecturas y de sueños.
Yo subo por los pianos que se dejan encendidos hasta el alba;
arriba el día me amenaza con el frío ensangrentado de su aurora
y no sabré el final de ese nocturno que empezaba a dibujarme,
ni las estrellas me dirán cuál fue, cabal, mi nombre. Ni mi rostro.

Si no es amor, ¿qué es esto que me agobia de ternura?
Mañana inútil: pájaros y flores sin testigos.

La esposa está dormida y a su puerta imploro en vano;
     querrá decir mi nombre con los labios incoloros
     entreabiertos.
los párpados pesados de buscarme por el cielo de la muerte.

Más no estaré en sus ojos para verme renacer al despertarse
y cuando me abra, al fin, preguntará sin voz: ¿quién eres?
El luto de la casa -todo es humo ya y lo mismo- que jamás habitaremos;
el campo abierto y árido que lleva a todas partes y a ninguna.
¿A dónde, a qué otra noche, irá el viudo por la tarde borrascosa?

lunes, 2 de junio de 2014

eres mi soledad y vas conmigo

Tú

Salvador Elizondo

Tú eres mi soledad y vas conmigo;
cabes como el puñal cabe en la herida;
vas como la canción en el silencio
y como van las nubes en la lluvia.

Vas como va el recuerdo en el olvido.

Y los nombres que uno piensa con los ojos llenos de azul

El tiempo se detiene, la perspectiva del mundo, la vida misma, todo cambia.
Te elevas al aquí y al ahora, es lo único que existe, el viento a tu alrededor, la tierra que se transforma ante tus ojos, no hay mañana, ni tampoco ayer, ni siquiera "al rato", sólo ahora, sólo esto, sólo esta mirada que me lo revela todo y te dice, en un segundo, todo lo que en este instante soy.

Los atardeceres de manos furtivas, el trémulo palpitar, los labios que suspiran, la adoración rendida a un leve sexo vanidoso

Dans ma péniche

Luis Cernuda

Quiero vivir cuando el amor muere;
muere, muere pronto, amor mío.
Abre como una cola la victoria purpúrea del deseo,
aunque el amante se crea sepultado en un súbito otoño,
aunque grite:
Vivir así es cosa de muerte.

Pobres amantes,
clamáis a fuerza de ser jóvenes;
sea propicia la muerte al hombre a quien mordió la vida,
caiga su frente cansadamente entre las manos
junto al fulgor redondo de una mesa con cualquier triste libro
pero en vosotros aún va fresco y fragante
el leve perejil que adorna un día al vencedor adolescente.
Dejad por demasiado cierta la perspectiva de alguna nueva tumba solitaria.
Aún hay dichas, terribles dichas a conquistar bajo la luz terrestre.
Ante vuestros ojos, amantes,
cuando el amor muere,
vida de la tierra y la vida del mar palidecen juntamente;
el amor, cuna adorable para los deseos exaltados,
los ha vuelto tan lánguidos como pasajeramente suele  hacerlo
el rasguear de una guitarra en el ocio marino
y la luz del alcohol, aleonado como una cabellera;
vuestra guarida melancólica se cubre de sombras crepusculares
todo queda afanoso y callado.

Así suele quedar el pecho de los hombres
cuando cesa el tierno borboteo de la melodía confiada,
y tras su delicia interrumpida
un afán insistente puebla el nuevo silencio.

Pobres amantes,
¿de qué os sirvieron las infantiles arras que cruzasteis,
cartas, rizos de luz recién cortada, seda cobriza o negra ala?
Los atardeceres de manos furtivas,   
el trémulo palpitar, los labios que suspiran,
la adoración rendida a un leve sexo vanidoso,
los ay mi vida y los ay muerte mía,
todo, todo,
amarillea y cae y huye con el aire que no vuelve.

Oh, amantes,
encadenados entre los manzanos del edén,
cuando el amor muere,
vuestra crueldad; vuestra piedad pierde su presa,
y vuestros brazos caen como cataratas macilentas,
vuestro pecho queda como roca sin ave,
y en tanto despreciáis todo lo que no lleve un velo funerario,
fertilizáis con lágrimas la tumba de los sueños,
dejando allí caer, ignorantes como niños,
la libertad, la perla de los días.

Pero tú y yo sabemos,
río que bajo mi casa fugitiva deslizas tu vida experta,
que cuando el hombre no tiene ligados sus miembros
por las encantadoras mallas del amor,
cuando el deseo es como una cálida azucena
que se ofrece a todo cuerpo hermoso que fluya a nuestro lado,
cuánto vale una noche como ésta, indecisa
entre la primavera última y el estío primero,
este instante en que oigo los leves chasquidos del bosque
nocturno. Conforme conmigo mismo y con la indiferencia
de los otros,
solo yo con mi vida,
con mi parte en el mundo.

Jóvenes sátiros
que vivís en la selva, labios risueños
ante el exangüe Dios cristiano,
a quien el comerciante adora para mejor cobrar su mercancía
pies de jóvenes sátiros,
danzad más presto cuando el amante llora,
mientras lanza su tierna endecha
de: Ah, cuando el amor muere.
Porque oscura y cruel la libertad entonces ha nacido;
vuestra descuidada alegría sabrá fortalecerla,
y el deseo girará locamente en pos de los hermosos
cuerpos que vivifican el mundo un solo instante.


Y en cada abrazo nos volvemos más reales

Por eso lo hacemos. Y en cada abrazo nos volvemos más reales. Sólo nosotros sabemos en qué consiste eso de volverse más reales. En cada noche guardamos nuestros secretos. Como en un oscuro baúl que algún día echaremos al fondo del mar en Mazunte. También besos frente a frente. Palabras de esas que no se repiten tan fácilmente. Lo que nos queda de la noción del amor tras el caos de lo que creíamos. Y unas cuantas palomas como besos que nos vienen a recordar que por eso lo hacemos. Justo un lunes cualquiera. Cerramos los ojos. Mandamos lo que queda del mundo a la mierda. A los que nos olvidaron. También a ellos. Ni siquiera el rasguño de un recuerdo. Y en cada abrazo nos volvemos más reales. Sólo nosotros sabemos en qué consiste eso de volverse más reales. Por eso lo hacemos. Tú y yo. Tiempo, hay tiempo... corre el tiempo de nosotros. 

domingo, 1 de junio de 2014

más allá del amor, quiero decírtelo con el olvido... será, seguro será

Te quiero

Luis Cernuda


Te quiero.
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,

quiero decírtelo con el olvido.