Desde acá te iba a
mandar un enorme beso, pero olvidé que extraviaste los labios cuando decidiste
guardar silencio...
Translate
jueves, 3 de abril de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
Ante lo irremediable, sólo podemos sonreír
VI
Margarite
Youcernal
Sólo
el silencio tiene palabras
que
pueden decirse junto a ti sin herirte.
ante
lo irremediable, sólo podemos sonreír;
llueven
sobre tu cuerpo las lágrimas de las corolas.
A
la hora en que nos despojemos de nuestras máscaras
deslizándonos
soñolientas en el mismo lecho,
por
cada dedo tembloroso de la hierba que nos roce
tú
podrás bendecirme y yo acariciarte.
Es
hacia tu dulzura que conduce mi camino.
de
este suelo impregnado de alma humana,
el olvido, lento jardinero, extirpa el remordimiento.
Inagotable,
vaga el amor de vena en vena;
no
quisiera perturbar con un vano lamento
el
eterno abrazo de la tierra y los muertos.
más allá de todo. Es la hora de partir.
La canción desesperada
Pablo Neruda
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!
Durante
algunas noches hice el intento: segundos antes de cerrar los ojos para hundirme
en una pantanosa oscuridad te decía adiós seleccionándote desde mi catálogo del
imaginario. Adiós a lo que habías venido a significar en un determinado momento
de mi vida. Adiós a lo que había sido. No obstante, al amanecer, empujada por
la primera luz de la mañana, descubría, no sin cierto asombro, que insistías en permanecer en mi memoria, como si
te sostuvieras sobre esos periodos oníricos, propios de los románticos alemanes,
para hacer más sólida tu presencia, incluso multiplicándote en otros hombres que
aparecían en mis sueños. De tal suerte que, con el paso de los días, ya presa
ya de crisis insomnes, llegué a la conclusión de que contigo el adiós siempre
será más complicado de lo que parece.
martes, 1 de abril de 2014
en esta soledad sin paredes
Nocturno en
que nada se oye
Xavier
Villaurrutia
En
medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin
respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en
esta soledad sin paredes
al
tiempo que huyeron los ángulos
en
la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para
salir en un momento tan lento
en
un interminable descenso
sin
brazos que tender
sin
dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin
más que una mirada y una voz
que
no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué
son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y
mi voz ya no es mía
dentro
del agua que no moja
dentro
del aire de vidrio
dentro
del fuego lívido que corta como el grito
Y
en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae
mi voz
y
mi voz que madura
y
mi voz quemadura
y
mi bosque madura
y
mi voz quema dura
como
el hielo de vidrio
como
el grito de hielo
aquí
en el caracol de la oreja
el
latido de un mar en el que no sé nada
en
el que no se nada
porque
he dejado pies y brazos en la orilla
siento
caer fuera de mí la red de mis nervios
mas
huye todo como el pez que se da cuenta
hasta
ciento en el pulso de mis sienes
muda
telegrafía a la que nadie responde
porque
el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.
el debatir inútil de tus labios contra el vacío olvido de tus ruinas
A una
estatua
Alí
Chumacero
Cesa
tu voz y muere
sobre
tus labios mi alegría.
No
habrá palabra que en tu piel levante
ni
un incierto sabor de brisa oscurecida
como
el recuerdo que en mis ojos deja
el
paso de tu aliento,
porque
vives inmersa en tu silencio,
impenetrable
a mis sentidos
y
si mis manos en tu piel se posan
inclinas
la cabeza,
navegas
en un tiempo que escucha tu latido,
y
entre sus aguas, inundándote
bajo
la tersa forma de su espejo,
estás
abandonada,
próxima
a ser violenta permanencia,
enemiga
de olvidos,
casi
perdida en íntima zozobra
y
sin más voluntad
que
la crueldad entre tus labios muda.
Toma
tu cuerpo ahora, vuelve el rostro,
mírate
así, segura y desplomada
hacia
un estanque donde mora el miedo,
donde
sólo hay imágenes
y
el cuerpo deja su cautivo duelo
para
entrar en la fuente de su origen.
Verás
nacer el sueño de tu cuerpo
anegando
en pureza toda vida,
todo
impulso negado en puro movimiento
y
toda forma sostenida en puro resplandor
ya
no será la flor sino su aroma,
ya
no serás tú misma.
No
importa entonces que de pronto mueras
y
pierdas toda sombra
quedándote
en escombros defendida,
si
toda tú pereces,
náufraga
de tu propio mar,
presa
dentro de ti, vencida
como
ángel que asolado por el fuego
lanzara
su impotencia,
y
sólo un desengaño
entre
rocas de olvido y de tinieblas
dejan
tus labios mudos
y
la pureza inútil de tu cuerpo.
Muere,
desnuda forma,
hielo
que mata mi alegría,
crueldad
vertida en mármol fatigado;
muere
ya, y deja que contemple
la
lucha de tu cuerpo con la sombra,
el
debatir inútil de tus labios
contra
el vacío olvido de tus ruinas,
que
en ataúd o tumbas duermes
entre
un querer o no de tus sentidos.
Invocación a
la sonrisa
Gioconda
Belli
Dame
la ternura desde el sueño,
dame
ese cucurucho de sorbete que tenés en la
sonrisa,
dame
esa lenta caricia de tu mano.
Yo
te daré pájaros
que
cantarán tu nombre
desde
lo más alto de los árboles.
Te
daré piñas, zapotes, nísperos,
enredaré
maizales en tu pelo.
Yo
invocaré los dioses de nuestros antepasados
para
que caigan tormentas,
para
que miedosos y cogidos de la mano,
miremos
la furia del rayo y del relámpago.
Yo
tejeré ilusiones con ramitas y hierbas,
tocaré
las rocas para que brote agua y nos bañemos,
yo
haré poemas, cantos,
mi
amor, cuando me hayas mirado,
cuando
corra las cortinas del sueño,
cuando
me coma el sorbete de tu sonrisa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)