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jueves, 20 de febrero de 2014

Tu espalda es tu regreso aquí y tu regreso allá

Regresas y te vas
Alberto Ruy-Sánchez

Como la luz, como la lluvia, como el comienzo
regresas, plenitud de los espejos en penumbra
de las sábanas  que escriben en silencio
nuestros nombres, nuestros gritos
nuestras contorsiones.

De los besos sin comienzo
De los Te amo sin final,
de estar dentro de ti de mil maneras
con ojos que se beben y las manos que se escuchan.

Tu espalda es tu regreso aquí y tu regreso allá,
tu paso  y aleteo,
también tu semilla y vuelo.

Regresas y te vas
y te guardo en mí, creciendo lento.



miércoles, 19 de febrero de 2014

Álzame hasta la nube que ya existe, líbrame de las nubes, adelante.

HORAS DE JUNIO
Carlos Pellicer
Vuelvo a ti, soledad, agua vacía,
agua de mis imágenes, tan muerta,
nube de mis palabras, tan desierta,
noche de la indecible poesía.

Por ti la misma sangre —tuya y mía—
corre al alma de nadie siempre abierta.
Por ti la angustia es sombra de la puerta
que no se abre de noche ni de día.

Sigo la infancia en tu prisión, y el juego
que alterna muertes y resurrecciones
de una imagen a otra vive ciego.

Claman el viento, el sol y el mar del viaje.
Yo devoro mis propios corazones
y juego con los ojos del paisaje.

Junio me dio la voz, la silenciosa
música de callar un sentimiento.
Junio se lleva ahora como el viento
la esperanza más dulce y espaciosa.

Yo saqué de mi voz la limpia rosa,
única rosa eterna del momento.
No la tomó el amor, la llevó el viento
y el alma inútilmente fue gozosa.

Al año de morir todos los días
los frutos de mi voz dijeron tanto
y tan calladamente, que unos días

vivieron a la sombra de aquel canto.
(Aquí la voz se quiebra y el espanto
de tanta soledad llena los días).


Hoy hace un año, Junio, que nos viste,
desconocidos, juntos, un instante.
Llévame a ese momento de diamante
que tú en un año has vuelto perla triste.

Álzame hasta la nube que ya existe,
líbrame de las nubes, adelante.
Haz que la nube sea el buen instante
que hoy cumple un año, Junio, que me diste.

Yo pasaré la noche junto al cielo
para escoger la nube, la primera
nube que salga del sueño, del cielo,

del mar, del pensamiento, de la hora,
de la única hora que me espera.

¡Nube de mis palabras, protectora!
Hubo mañanas lluviosas que precedieron a noches de tormenta,  cuando las ventanas no se abrieron más y al interior de las habitaciones se percibía el aroma del miedo, ese que paraliza, que hace al hombre sentirse tan pequeño, tan frágil, tan impotente. Muchas veces, al darse cuenta de que lo esperado no era más que una ingenua ilusión, creada para llenar vacíos sobreviene otra vez la tormenta. Algunos pudimos resistir la primera vez, salimos de ahí con las alas rotas, con la mirada triste a buscar una esperanza que nos invitara a seguir, un amanecer que nos regalara una sonrisa…pero si esta vez el peso de la vida nos aplasta y nos convencen de que la vida es eso que ellos dicen, ¿y si no volvemos a escuchar las piedritas que golpetean las ventanas?
Piedritas en la ventana

Mario Benedetti

De vez en cuando la alegría

tira piedritas contra mi ventana

quiere avisarme que está ahí esperando

pero me siento calmo

casi diría ecuánime

voy a guardar la angustia en un escondite

y luego a tenderme cara al techo

que es una posición gallarda y cómoda

para filtrar noticias y creerlas



quién sabe dónde quedan mis próximas huellas

ni cuándo mi historia va a ser computada

quién sabe qué consejos voy a inventar aún

y qué atajo hallaré para no seguirlos



está bien no jugaré al desahucio

no tatuaré el recuerdo con olvidos

mucho queda por decir y callar

y también quedan uvas para llenar la boca



está bien me doy por persuadido

que la alegría no tire más piedritas

abriré la ventana


abriré la ventana.

lunes, 17 de febrero de 2014

Pájaro de la dicha, azul pájaro o pluma

La selva y el mar

Vicente Aleixandre

Allá por las remotas
luces o aceros aun no usados,
tigres del tamaño del odio,
leones como un corazón hirsuto,
sangre como la tristeza aplacada,
se baten con la hiena amarilla que toma la forma del poniente insaciable.

Largas cadenas que surten de los lutos,
de lo que nunca existe,
atan el aire como una vena, como un grito, como un reloj que se para
cuando se estrangula algún cuello descuidado.

Oh la blancura súbita,
las ojeras violáceas de unos ojos marchitos,
cuando las fieras muestran sus espadas o dientes
como latidos de un corazón que casi todo lo ignora,
menos el amor,
al descubierto en los cuellos allá donde la arteria golpea,
donde no se sabe si es el amor o el odio
lo que reluce en los blancos colmillos.

Acariciar la fosca melena
mientras se siente la poderosa garra en la tierra,
mientras las raíces de los árboles, temblorosas,
sienten las uñas profundas
como un amor que así invade.

Mirar esos ojos que sólo de noche fulgen,
donde todavía un cervatillo ya devorado
luce su diminuta imagen de oro nocturno,
un adiós que centellea de póstuma ternura.

El tigre, el león cazador, el elefante que en sus colmillos lleva algún suave collar,
la cobra que se parece al amor más ardiente,
el águila que acaricia a la roca como los senos duros,
el pequeño escorpión que con sus pinzas sólo aspira a oprimir un instante la vida,
la menguada presencia de un cuerpo de hombre que jamás podrá ser confundido con una selva,
ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo,
mientras la pulcra coccinella
se evade de una hoja de magnolia sedosa...
Todo suena cuando el rumor del bosque siempre virgen
se levanta como dos alas de oro,
élitros, bronce o caracol rotundo,
frente a un mar que jamás confundirá sus espumas con las ramillas tiernas.

La espera sosegada,
esa esperanza siempre verde,
pájaro, paraíso, fasto de plumas no tocadas,
inventa los ramajes más altos,
donde los colmillos de música,
donde las garras poderosas, el amor que se clava,
la sangre ardiente que brota de la herida,
no alcanzará, por más que el surtidor se prolongue,
por más que los pechos entreabiertos en tierra
proyecten su dolor o su avidez a los cielos azules.

Pájaro de la dicha,
azul pájaro o pluma,
sobre un sordo rumor de fieras solitarias,
del amor o castigo contra los troncos estériles,

frente al mar remotísimo que como la luz se retira.

domingo, 16 de febrero de 2014

Bebo en tu boca
Alberto Ruy-Sánchez

Bebo en tu boca
el instante,
la luz,
el viento.

Bebo en tu boca
tu mirada,
tus pasos,
tu canto.

Bebo en tu boca
el amanecer,
la flor que cae
y un llanto
lejano y lento,

Bebo
y no paro de beber
el hilo tan sutil
de vida en llamas
que de tu boca a la mía
salta uniendo
en tu sabor:
en el sabor de tu deseo,
lo fugaz
a lo eterno.

Si es cierto
que el alma es aire
y que en la palabra espíritu
hay un soplo,
yo bebo,
muy poco a poco,
tu alma

en cada beso.
Haiku
Jorge Luis Borges

1
Algo me han dicho
la tarde y la montaña.
Ya lo he perdido.

2
La vasta noche
no es ahora otra cosa
que una fragancia.

3
¿Es o no es
el sueño que olvidé
antes del alba?

4
Callan las cuerdas.
La música sabía
lo que yo siento.

5
Hoy no me alegran
los almendros del huerto.
Son tu recuerdo.

6
Oscuramente
libros, láminas, llaves
siguen mi suerte.

7
Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.

8
En el desierto
acontece la aurora.
Alguien lo sabe.

9
La ociosa espada
sueña con sus batallas.
Otro es mi sueño.

10
El hombre ha muerto.
La barba no lo sabe.
Crecen las uñas.

11
Ésta es la mano
que alguna vez tocaba
tu cabellera.

12
Bajo el alero
el espejo no copia
más que la luna.

13
Bajo la luna
la sombra que se alarga
es una sola.

14
¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

17
La vieja mano
sigue trazando versos

para el olvido.