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jueves, 9 de enero de 2014

Y de pronto, en el alto silencio de la noche, un soñar mío empieza al borde de tu cuerpo; en él el tuyo siento.

Aquí...
Jorge Salinas

Aquí
en esta orilla blanca
del lecho donde duermes
estoy al borde mismo
de tu sueño. Si diera
un paso más, caería
en sus ondas, rompiéndolo
como un cristal. Me sube
el calor de tu sueño
hasta el rostro. Tu hálito
te mide la andadura
del soñar: va despacio.
Un soplo alterno, leve
me entrega ese tesoro
exactamente: el ritmo
de tu vivir soñando.
Miro. Veo la estofa
de que está hecho tu sueño.
La tienes sobre el cuerpo
como coraza ingrávida.
Te cerca de respeto.
A tu virgen te vuelves
toda entera, desnuda,
cuando te vas al sueño.
En la orilla se paran
las ansias y los besos:
esperan, ya sin prisa,
a que abriendo los ojos
renuncies a tu ser
invulnerable. Busco
tu sueño. Con mi alma
doblada sobre ti
las miradas recorren,
traslúcida, tu carne
y apartan dulcemente
las señas corporales,
para ver si hallan detrás
las formas de tu sueño.
No la encuentran. Y entonces
pienso en tu sueño. Quiero
descifrarlo. Las cifras
no sirven, no es secreto.
Es sueño y no misterio.
Y de pronto, en el alto
silencio de la noche,
un soñar mío empieza
al borde de tu cuerpo;
en él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela,
hacíamos lo mismo.
No había que buscar:
tu sueño era mi sueño.

miércoles, 8 de enero de 2014

Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante

Mi sueño

Paul Verlaine

Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante
de una mujer ignota que adoro y que me adora,
que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora
y que las huellas sigue de mi existencia errante.

Se vuelve transparente mi corazón sangrante
para ella, que comprende lo que mi mente añora;
ella me enjuga el llanto del alma cuando llora
y lo perdona todo con su sonrisa amante.

¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro.
¿Su nombre? Lo imagino por lo blando y sonoro,
el de virgen de aquellas que adorando murieron.

Como el de las estatuas es su mirar de suave
y tienen los acordes de su voz, lenta y grave,
un eco de las voces queridas que se fueron...


Versión de Nicolás Bayona Posada
Lo que sucedió cuando los dos decidieron caminar juntos. Hacía un frío que parecía eterno. Nadie más alrededor. Ella se detuvo y gritó fuerte. Quién sabe por qué lo hizo. Por un momento sintió que el aire se le iba. Abrió entonces la maleta y sacó la antología de poesía francesa. Pasó unas páginas. Uno de Verlaine. -Es uno de los más tristes-  Eso le dijo al hombre. -No cuando lo lees. Tampoco cuando lo escuchas-  Él  pensó que la mujer se había quedado loca. -Ha de ser tanto frío-. -Sino cuando lo piensas- dijo ella. -Verlaine sabía que hay tristezas incompletas que terminan por ser alegres cuando se piensan. Eso dice en el poema. -Cuando lo piensas. Algo ocurre cuando dos se piensan en el mismo momento y comparten este poema- terminó de hablar la mujer.
Él parecía un buen tipo, de esos con sonrisas diáfanas, quizá la mirada un poco confundida. A lo lejos vieron otra estación de tren en ruinas. Y junto a un chopo, un soldado. Pronto sabrían que también hay soldados que saben un poco de poesía. No sólo de balas.

y pensamos en ti, los dos, yo solo.

Pensarte es tenerte

Pedro Salinas

¡Cómo me dejas que te piense!
Pensar en ti no lo hago solo, yo.
Pensar en ti es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.
Siento cómo te das a mi memoria,
cómo te rindes al pensar ardiente,
tu gran consentimiento en la distancia,
y más que consentir, más que entregarte,
me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
recuerdos en escorzo, me haces señas
con las delicias, vivas, del pasado,
invitándome.
Me dices desde allá
que hagamos lo que quiero
-unirnos- al pensarte,
y entramos por el beso que me abres,

y pensamos en ti, los dos, yo solo.

martes, 7 de enero de 2014

Forsan et haec olim meminisse juvabit

Estoy sobre tus arenosos párpados. Cierras los ojos. Resbalo entonces. En caída libre llego hasta tus temblorosos labios. Para no correr riego alguno, me cuelgo de las resquebrajaduras donde nacen extrañas flores. Anuncias el acto circense. Ignoras que estoy ahí. Aprovecho un descuido tuyo. Te beso. Nada puede el frío contra él. Abres los ojos. Otra vez sobre arena. Nos tomamos de la mano. Nos aventuramos como bien se deben aventurar los que aún consiguen creer en lo que llaman amor.

como parte en mis sueños...

Cuarto solo

Alejandra Pizarnick

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.

Me estoy haciendo árbol Cuántas veces me he ido convirtiendo en otras cosas... Es doloroso y lleno de ternura

La poesía es un atentado celeste

Vicente Huidobro

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que han esperado muchos años

Se cansaron de esperarme y se sentaron

Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco

Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas

Me estoy haciendo árbol
Cuántas veces me he ido convirtiendo en otras cosas...
Es doloroso y lleno de ternura

Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación

Hay que guardar silencio Esperar en silencio