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sábado, 28 de septiembre de 2013
A punto de parar
Cansancio
Oliverio
Girondo
Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.
Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.
Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un
cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos
de magnolia,
acariciar la tierra con un
vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro
de una piedra.
viernes, 27 de septiembre de 2013
jueves, 26 de septiembre de 2013
Debo fingir que hay otros. Es mentira. Sólo tú eres.
El
enamorado
Jorge
Luis Borges
Lunas, marfiles,
instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de
Durero,
las nueve cifras y el
cambiante cero,
debo fingir que existen esas
cosas.
Debo fingir que en el pasado
fueron
Persépolis y Roma y que una
arena
sutil midió la suerte de la
almena
que los siglos de hierro
deshicieron.
Debo fingir las armas y la
pira
de la epopeya y los pesados
mares
que roen de la tierra los
pilares.
Debo fingir que hay otros. Es
mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi
desventura
y mi ventura, inagotable y
pura.
¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo?
Te
quiero porque tienes....
Jaime
Sabines
Te quiero porque tienes
las partes de la mujer en el
lugar preciso
y estás completa.
No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la
yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras
hojas.
Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde
duermes,
soy la mancha, un punto en la
pared,
alguna raya que tus ojos, sin
ti,
se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te
interrogas
con el cuerpo cerrado y sin
respuesta.
Soy una cicatriz que ya no
existe,
un beso ya lavado por el
tiempo,
un amor y otro amor que ya
enterraste.
Pero estás en mis manos y me
tienes
y en tus manos estoy, brasa,
ceniza,
para secar tus lágrimas que
lloro.
¿En qué lugar, en dónde, a
qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es
urgente
porque la eternidad se nos
acaba.
Recoge mi cabeza. Guarda el
brazo
con que amé tu cintura. No me
dejes
en medio de tu sangre en esa
toalla.
Las horas que preceden a la ansiedad
Dedico largas horas a convencerme de no dejarme arrastrar por el instante en que te siento más que a nada.
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