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jueves, 26 de septiembre de 2013
miércoles, 25 de septiembre de 2013
32
Ruben Bonifaz Nuño "Los Demonios y los Días"
Si alguien se olvidara de
todo
lo que le enseñaron, y
decidiera
despreciar las cosas por las
que vive
y sentarse, mucho tiempo, en
el quicio
de una puerta ajena,
desconocida,
solo para ver pasar a las
gentes,
es casi seguro que
encontraría
un terror anónimo en su
sangre,
una soledad que no imaginaba.
En la madurez de la primavera
las dulces muchachas,
despreocupadas,
sacan a la calle sus deseos
vestidos con ropas ligeras.
Se ven los hombros
húmedos, el pliegue bajo los
brazos;
al sol y la sombra se
transparentan
piernas asombrosamente
desnudas.
Eso pueden verlo todos los
ojos.
Pero pocos son los que han
visto
lo que se trasluce en el paso
normal de las gentes; lo que
habita
más allá de faldas y
pantalones,
y que esculpe en todos la
ineficacia completa
de un mono demente, de un
suicida,
de un ratón con piojos que se
rasca.
Nadie está conforme con
nadie; todos
se apagan en medio de su
fracaso;
encuentra que nada tiene
sentido;
soportan, mecánica, una vida
que en ninguna forma les
corresponde.
Un adolescente ha caminado
con su novia pálida, en el
silencio
de un jardín a solas bajo la
tarde;
la habrá acariciado en
secreto, con ganas
de llorar; le habrá dicho
versos aprendidos
del Declamador sin Maestro;
la habrá llevado,
después, a la puerta de su
casa.
Y ahora se mete en el cuarto
de un hotel, y mira sus zapatos
puestos,
la cama usadísima, la barriga
de la ramerilla que lo
acompaña,
y siente que es pobre en su
vergüenza,
en su miedo, a solas en todas
partes.
martes, 24 de septiembre de 2013
Capricho
2
Alfonsina
Storni
Escrútame los ojos sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber veneno, el malvado veneno
que moja los labios a pesar de ser bueno.
Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de por qué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí.
Es esto de los llantos pasaje baladí.
Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente oculto,
que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes amado, lo debes sospechar:
en la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
deseamos y gustamos la miel en cada copa
y en el cerebro habemos un poquito de estopa.
Bien. No, no me preguntes. Torpeza de mujer,
capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría. ¿No ves que tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame una rosa.
Poema 10. Hemos perdido aún
este crepúsculo...
Pablo Neruda
Hemos perdido aún este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma en el
crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando
estatuas.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Mar obediente
A
la mar
Francisco
de Quevedo
La voluntad de Dios por
grillos tienes,
y escrita en la arena, ley te
humilla;
y por besarla llegas a la
orilla,
mar obediente, a fuerza de
vaivenes.
En tu soberbia misma te
detienes,
que humilde eres bastante a
resistilla;
a ti misma tu cárcel
maravilla,
rica, por nuestro mal, de
nuestros bienes.
¿Quién dio al pino y la haya
atrevimiento
de ocupar a los peces su
morada,
y al Lino de estorbar el paso
al viento?
Sin duda el verte presa,
encarcelada,
la codicia del oro macilento,
ira de Dios al hombre
encaminada.
Porque te tengo y no
Corazón
coraza
Mario
Benedetti
Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos
abiertos
porque la noche pasa y digo
amor
porque has venido a recoger
tu imagen
y eres mejor que todas tus
imágenes
porque eres linda desde el
pie hasta el alma
porque eres buena desde el
alma a mí
porque te escondes dulce en
el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te
quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como
dos
aunque te busque y no te
encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.
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